Hormigas y pecado

Posted on martes, febrero 06, 2007 by Dino Trajeado

En 1919 se da a conocer uno de los poemarios más importantes para la poesía mexicana: Zozobra, de Ramón López Velarde. Quizá el tono de esta columna sea un poco extraño para el lector vernáculo familiarizado con los versos del poeta de Jerez, pero para mí su poesía exhibe una resonancia perfecta. Hablante de la lengua inglesa, cada vez más me seduce la precisión y la ráfaga de los sonidos que potencia el español. Gracilaso, Herrera, Boscán, y los clásicos Quevedo, Góngora y Lope de Vega siempre me han parecido inexplicables en virtud de sus obras maestras: nadie tan excelso como este grupo de artistas para llevar al límite el concepto y la sonoridad de su lengua. López Velarde pertenece a esta estirpe, junto a los Contemporáneos y a la Generación del 27, que retomaron las vías de la disciplina formal. Más aún: se convirtió para estos maestros en una ascética.
Raramente comentado, su poema “Hormigas” es uno de mis favoritos en lengua española. Tiene un extraño influjo en mí y creo que no he sido el único abatido. Daniel Sada, por ejemplo, cuando tuve la gracia de conocerlo me contó su pasión por esos versos. Recitaba, entre muchos otros, “Hormigas”, pero con un tono peculiar que resaltaba los acentos, los relieves de cada una de las palabras y salta, por ello, la contundencia de las esdrújulas.
La crítica ha dicho que es uno de los poemas más crueles de Velarde, aunque en el fondo late la influencia de Góngora y la antigua filosofía del “carpe diem” o, mejor dicho su complemento original: “memento mori”. La imagen de las hormigas, como sangre y ardor de la pasión amorosa, insta a la dama a pensar en el día de su muerte o, peor aún, en el momento en que se acabe el encono que el poeta siente y ya nadie sea capaz de fijarse en ella. Lo que equivale a decirle que se abandone al deseo, a las hormigas voraces.
El poema está escrito en alejandrinos, que antaño también se les ha llamado “alejandrinos eclesiásticos” (Velarde tiene un poema que se titula así), ya que originariamente en la época medieval servía al mester de clerecía para cantar sobre temas morales y religiosos, generalmente para enseñar las varias trampas del pecado y sus castigos. Velarde los utiliza para aleccionar, en una sociedad cerrada como lo era la provincia mexicana de inicios de siglo XX, sobre la soberanía del amor y su corolario, la consumación carnal. Tal cambio de signo en la poética alejandrina se ha interpretado como influencia parnasiana, vía modernistas como Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissing.
Es evidente la conciencia formal y simbólica de Velarde. Como se nota en la hipálage y primera aparición de las hormigas: “Un encono de hormigas en mis venas voraces”. “Hormigas” y “voraces”: sustantivo y adjetivo separados por “venas”. De inmediato notamos una perturbadora obsesión con el cuerpo, de estirpe baudeleriana. Esa invasión a los sentidos y a la intimidad es la paulatina conciencia de que el deseo erótico lo inunda febrilmente. Más adelante nos damos cuenta que la posible relación carnal queda en el plano de lo posible y es cuando la cruenta realidad de lo no realizado se impone.
El motivo del “estar fuera de sí”, inventado por la gran Safo, plantea las acciones amorosas del enamorado como realizadas en pos de un bien supremo: por supuesto, el amor puro. Eso son las hormigas: una presencia pasional que obliga al poeta a desear y ensimismarse en la carencia, pero visto en su justa dimensión, en pos de un amor impío y por ello desesperante.
Aunque los versos apuren a la amada a consumar el acto sexual, flota el aroma amargo y trágico de la muerte. Pocos poetas han expresado ese sentimiento de ser mortal por el sentido del olfato; Velarde advierte a su mujer que cuando se avecine la hora definitiva “ha de oler a sudario y a hierba machacada, / a droga y a responso, a pabilo y a cera”. El resto del poema alterna las posibilidades: pueda que yo muera y ya nadie te ame o a lo mejor ella muera sin darse al placer. Para Velarde, la consumación carnal es un deseo pecaminoso que implica un justo castigo, de ahí la crueldad del poema: por razón de amar a un cuerpo mortal, como pensaban los doctores de la Edad Media, el poeta ha renunciado a la única virtud suprema a la que puede aspirar un ser humano: amar a Dios.


Hormigas

A la cálida vida que trascurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.

1 Response to "Hormigas y pecado"

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Melisa Says....

me encanta este poema... y otro qe dejò incompleto, uno medio necrófilo... el sueño de lso guantes negros: "¿conservabas tu carne en cada hueso?/ el enigma del amor se velò eterno,/ en la prudencia de tus guantes negros"

era un poeta muy peculiar, un poeta qe vivía intensamente lo religioso desde el pecado... o desde la conciencia del enamorado que sabe que el vehìculo del deseo, del amor, el cuerpo, serà pronto sólo un gèlido bagazo