Hace días recibí el texto de la Doctora María Stoopen sobre el poemario Boca de sombras que apareció a inicios de diciembre, libro de mi colega y amigo Hugo Medina. Reproduzco el comentario de la Dra. Stoopen de forma completa.Elegir un epígrafe para un libro significa dotarlo de una filiación poética y temática. Los que preceden éste perfilan, pues, los temas, los tonos y las atmósferas recurrentes que el lector encontrará páginas adentro: los pasos a tientas de una humanidad en busca de una incierta redención, el sueño, la invocación a Dios, la ausencia de esperanza, el miedo de existir, el miedo de morir, la ocupación del cuerpo por seres extraños, repulsivos y, frente a todo ello, el deseo total, ingenuo, luminoso y verdadero de un cuerpo y un alma en estado de perfección. De este modo, la poesía en penumbra de Hugo Ismael Medina anuncia, antes de hablar por sí misma, un incierto rayo de luz.
Poesía introspectiva en que la voz mira, hurga los espacios interiores y los encuentra ocupados por alimañas, por el tiempo larvado, por la opacidad del ser con historia, que se resiste a la auto conmiseración; un yo hablado y habitado por otros. La voz, guiada por el coraje de mirar, a tientas, a ciegas, explora las cavernas íntimas y encuentra en sus recintos más primarios su materia prima: el horror, el terror, el dolor, el llanto, el pavor de la vida convertida en despojos… Va nombrando los parásitos generados por y en el propio cuerpo, quien se reconoce en ellos. Hay identidad entre los ínfimos habitantes y el yo, que se alude incansablemente, se multiplica, se autogenera, se cosifica, se deforma, se humaniza, se diviniza, se sataniza. La duplicidad –“Yo soy/ dos./ Tú/ soy yo.”- alcanza a los sumos contrarios –“Soy yo DioselDiablo.” Entre todo ello, hay atisbos luminosos: el ser creador consigue apartar la luz de las tinieblas; la voz conciencia emerge al mundo y se lo apropia; el cuerpo alienado logra reconocerse en el lenguaje: “Yo hablo.” “Soy yo, voz…” Y la voz mirada sabe que es generadora y redentora: “Yo te hice./ Yo soy/ tu voz.”
Es oportuno destacar que la voz y la mirada se precipitan vertiginosamente a lo largo de la página, así como los caracteres negros ocupan arbitrariamente el fondo blanco. Así, la tipografía se corresponde con la escritura dislocada, desmembrada, titubeante, de sintaxis quebrantada; juntas buscan dar forma a la amenaza de la desintegración, de la desarticulación, de la metamorfosis en la nada.
Hay aquí una voz poética que anuncia y a la larga manifiesta abiertamente, resonancias cristianas, de un exasperado misticismo que, de la multiplicación del ser transita a la nada, igualmente monstruosa, deformante, para después aparecer en el centro de la cruz y proclamarse, exactamente con las mismas palabras: “Yo soy la resurrección/ y la vida.” Es irremediable, entonces, la aparición de un tú, amado y amoroso, en un principio inidentificable: ¿Cristo, Dios, una mujer? También el surgimiento de la belleza y la potencia en uno de los versos más hermosos: “Yo soy/ en este siglo/ el amarillo/ negro/ del tigre.” Sin embargo, después de ciertos remansos que le procuran la belleza, el amor, la potencia de los seres en el mundo, la voz poética vuelve a su ensimismamiento, al manoseo de sus extraños pobladores. No obstante, iniciado, el diálogo resurge, se multiplica y se alterna con la introspección.
Abreviaré diciendo que ésta es poesía de lucha de contrarios, una batalla titánica entre la consecución de la epifanía y el vencimiento del sinsentido y la depresión, en el filo del suicidio, por lo que entre sus versos la voz mirada puede proclamar, con justicia humana y poética: “Soy un hombre/ que se hizo/ Dios/ encerrado/ en las paredes/ del Diablo.”
Poesía introspectiva en que la voz mira, hurga los espacios interiores y los encuentra ocupados por alimañas, por el tiempo larvado, por la opacidad del ser con historia, que se resiste a la auto conmiseración; un yo hablado y habitado por otros. La voz, guiada por el coraje de mirar, a tientas, a ciegas, explora las cavernas íntimas y encuentra en sus recintos más primarios su materia prima: el horror, el terror, el dolor, el llanto, el pavor de la vida convertida en despojos… Va nombrando los parásitos generados por y en el propio cuerpo, quien se reconoce en ellos. Hay identidad entre los ínfimos habitantes y el yo, que se alude incansablemente, se multiplica, se autogenera, se cosifica, se deforma, se humaniza, se diviniza, se sataniza. La duplicidad –“Yo soy/ dos./ Tú/ soy yo.”- alcanza a los sumos contrarios –“Soy yo DioselDiablo.” Entre todo ello, hay atisbos luminosos: el ser creador consigue apartar la luz de las tinieblas; la voz conciencia emerge al mundo y se lo apropia; el cuerpo alienado logra reconocerse en el lenguaje: “Yo hablo.” “Soy yo, voz…” Y la voz mirada sabe que es generadora y redentora: “Yo te hice./ Yo soy/ tu voz.”
Es oportuno destacar que la voz y la mirada se precipitan vertiginosamente a lo largo de la página, así como los caracteres negros ocupan arbitrariamente el fondo blanco. Así, la tipografía se corresponde con la escritura dislocada, desmembrada, titubeante, de sintaxis quebrantada; juntas buscan dar forma a la amenaza de la desintegración, de la desarticulación, de la metamorfosis en la nada.
Hay aquí una voz poética que anuncia y a la larga manifiesta abiertamente, resonancias cristianas, de un exasperado misticismo que, de la multiplicación del ser transita a la nada, igualmente monstruosa, deformante, para después aparecer en el centro de la cruz y proclamarse, exactamente con las mismas palabras: “Yo soy la resurrección/ y la vida.” Es irremediable, entonces, la aparición de un tú, amado y amoroso, en un principio inidentificable: ¿Cristo, Dios, una mujer? También el surgimiento de la belleza y la potencia en uno de los versos más hermosos: “Yo soy/ en este siglo/ el amarillo/ negro/ del tigre.” Sin embargo, después de ciertos remansos que le procuran la belleza, el amor, la potencia de los seres en el mundo, la voz poética vuelve a su ensimismamiento, al manoseo de sus extraños pobladores. No obstante, iniciado, el diálogo resurge, se multiplica y se alterna con la introspección.
Abreviaré diciendo que ésta es poesía de lucha de contrarios, una batalla titánica entre la consecución de la epifanía y el vencimiento del sinsentido y la depresión, en el filo del suicidio, por lo que entre sus versos la voz mirada puede proclamar, con justicia humana y poética: “Soy un hombre/ que se hizo/ Dios/ encerrado/ en las paredes/ del Diablo.”







4 comentarios:
9:10 AM
amnon kapiliuk
9:57 PM
mmmm... me ha dado flojera leer esta reseña... como que dice lo qe siempre se dice cuando hace uno una reseña por compromiso. están ahi las qe ella cree son las características qe distinguen al poemario... las fuentes... creo pasión... ¿le gustaría a ella realmente?
esos versos que cita... me choca el laconismo... y la acartonada actitud filosófica qe suena tan patética. ¿él poeta realmente sentirá, le preocupara eso q ue dice en lso versos? dios el diablo, la soledad planteada en esos terminos... realmente le preocupa? es que somos ls demás tan pedestres... no me imagino escribiendo versos por esas ondas.
mejor debería abocarse a hacer delpoema algo más atractivo estéticamente. un bello signo.
¿quién es ella, catedrática de la unam?
la amargada
12:18 PM
don jose antonio zarzalejos nieto cesado como director de abc
10:00 AM
jose antonio zarzalejos nieto, hijo de jose antonio zarzalejos altares, del excelentisimo señor don jose antonio zarzalejos altares condecorado legion de honor por jacques chirac
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