Me despierto este domingo con la noticia de que la revista Time ha nombrado al anónimo “You” (que es igual a la forma en segunda persona en singular y plural) gris y masivo que todos los días utiliza los recursos interactivos de Internet. Bajo esta categoría lingüísticas que es reversible (Benveniste: el “tú” se transforma en un “yo” y viceversa) todos nosotros, según afirma Lev Grossman en el site de la revista, estamos construyendo la nueva era de la información y la “democracia digital”. Tengo problemas con esta última idea, porque suena a viejas y simplistas clasificaciones demagógicas. Coincido con varios internautas en que fueron ellos (los de Time) los primeros que pasaron por encima de esta pretendida “voluntad del pueblo”. Las encuestan daban como ganador al dudosamente reputado presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, aventajando por amplio margen al mandatario iraní Mahmud Ahmadineyad. No coincido con las ideas del polémico político suramericano (voté por los fundadores de Youtube), pero debo admitir que la revista Time optó por un camino menos espinoso, provechoso para su marketing (es una gran publicidad en Youtube) y aparentemente políticamente correcto, aunque quedó muy lejos de ser así. De esta forma, en lugar de la fotografía de un debatible Hugo Chávez, en la portada se exhibe un diseño sencillo y pulcro: un teclado, una computadora y un monitor en donde luce un espejo, debajo la palabra “You” y un epígrafe. Me gustaría ser tan entusiasta como Grossman y creer que somos los internautas los que estamos modificando nuestro tiempo. En realidad, sitios como Youtube o Blogger se fundan en una tensión delicada: el servicio gratuito y el condicionado por pago. Los usuarios tendrán la capacidad de modificar la cultura global en la medida que tengan acceso eficaz a las herramientas de Internet. No podemos olvidar que Youtube fue comprada por Google y ya forma parte de la voracidad codiciosa de las corporaciones. No dudo que habría personas dispuestas a pagar por Youtube o beneficios exclusivos para sus blogs, pero habríamos más que nos negaríamos a desembolsar por el derecho que tenemos a expresarnos. Si estas condiciones se alteran, se transformaría forzosamente la percepción del pretendido libre acceso y uso de los contenidos del cyberworld. Se ha aducido la posibilidad de que coexitiera en el sitio videos de paga y otros gratuitos. Obviamente las respuestas no se han hecho esperar: la mayoría inconforme se ha sentido defraudada porque con la compra que ha hecho Google se ha censurado material con copyright, y con ello se ha desvirtuado el verdadero sentido de subir y ver libremente lo que a uno se le antoje. Es verdad que todo cuesta y en el mercado los negocios se rigen bajo el principio de recuperar más de lo invertido, pero la pretendida “democracia digital” pasará a ser (me parece que ya es) un concepto que encubre la verdadera naturaleza corporativa de Internet.
Sin embargo, coincido en que el mundo sólo podrá transformarse desde el contacto entre las culturas, desde la comprensión que tengamos de nuestra herencia y de la tolerancia hacia las diferencias de los demás; desde nuestras modestas habitaciones conectadas a la web. Vislumbro que esta revolución, la única que nos queda, no se dará a través de las implementaciones económicas, ni desde las reformas políticas, ni desde el púlpito de la ONU o de la irracionalidad de las invasiones y las armas. Se gestará desde nuestra propia voluntad de escuchar lo que los otros nos quieran decir. Lugares como Youtube, MySpace, Hi5, Blogger, Wikipedia, Flickr e incluso Amazon o utilidades como Messenger nos están dando la posibilidad de comunicar nuestras pasiones, dudas, experiencias, conocimientos, incluso frialdades y fijaciones y, al mismo tiempo, entrar a los hogares, sitios de trabajos y escuelas donde los otros viven cotidianamente. En un futuro las películas se estrenarán también online; los editores de revistas y periódicos pagarán a los más talentosos bloggeros para que escriban en sus páginas; las editoriales subirán libros para saber la opinión de los lectores antes de publicarlos; las disqueras buscarán a los más creativos y populares usuarios de Youtube para que hagan los videos de sus artistas; las agencias de publicidad realizarán alianzas con fotógrafos oscuros que levantan sitios geniales en Flickr para que cubran sus necesidades; los gobiernos democráticos deberán implementar blogs donde se discutan los problemas vitales que afectan al ciudadano común como tú y yo a través de conexiones en tiempo real con senadores y diputados.
Lo más importante, insisto, es que en virtud de que el mundo de los objetos ha cambiado su faz de un estatus pasivo a uno edificante con nosotros (dixit Baudrillard), el mundo mismo va entrando en una etapa donde el lenguaje sencillo del ciudadano terminará por imponerse a la gesticulación rancia, improvisada e insuficiente de la política. Los gobiernos y sus representantes han demostrado que son incapaces de ponerse de acuerdo y solventar sus incomprensibles rivalidades. En cambio, la sociedad está construyendo dimensiones de entendimiento global que trascienden la diplomacia y cortesía hipócrita de los líderes políticos. Lipovetsky, décadas atrás, ya había predicho lo que hoy la revista Time celebra: el advenimiento de un individuo desprovisto de búsquedas teleológicas como consecuencia de la caída de los grandes planes mesiánicos de la historia; un ser obsesionado con su “ego” que produciría una sociedad narcisista. Lo cual no es obligadamente negativo: pues el hombre ya no quiere transformar el mundo a través de las ideologías y las revoluciones marxistas, sino que se preocupa por cambiar la relación consigo mismo a través de la percepción que obtiene de los otros y vicerversa. Una idea de estirpe hegeliana, pero que escapa significativamente del modelo si advertimos que la finalidad de esta dialéctica no es la objetivación de leyes históricas que nos permitan construir una sociedad armónica, sino alcanzar la básica comunicación con los demás, en espejo.
Bajo este aspecto es que se comprende que los sitios que permiten la exhibición personal (a la vez que invadimos la privacidad de los otros) han crecido desmesuradamente. Las febriles imágenes, sueños e inquietudes que hemos obtenido como individuos aislados, podemos comunicarlas… ansiedades, alegrías, mensajes personales, bromas, anuncios, esperanzas, amores y odios… porque se adivina, debajo de la dermis de la red, brotes de intolerancia y escepticismo hacia la realidad de los demás… Pero es la soledad que se comunica con un cúmulo de ausencias… nos queda la voluntad de modificarnos y con ello las ideas de nuestra época, así como nuestros prejuicios. Estas generaciones serán las que optarán entre el diálogo o la prolongación a la esfera digital de la guerra y la crueldad que ocupa actualmente las agendas de los principales gobiernos del planeta... Es una deuda que nos han endosado generaciones anteriores. Pero también las esperanzas y las virtudes se transmiten. Y me anima a escribir en este blog cierta luminiscencia extática que aun percibo en esta humanidad, en lapsos ya muy escasos, pero por lo mismo, más dramáticos e invaluables.







3 comentarios:
7:59 PM
El wey que sale en el video en 6:38 junto con la morra emo de anteojos es el pinchi hijo de john LaMierda Wilkinson!!! Anque no lo conozcas dino el es pieza clave del club!! jajajaj que chistoso a la madre
10:14 PM
Ya hay una versión que titularon "Timo" y sale una mano pintando dedo a "You". Pinchis amargados.
4:03 PM
HAHAHA, amigos y amigas: Ese en el minuto 7:37 del vídeo es Smooth!
HAHAHA
Y por cierto, Smooth, lamepijas: FUCK YOU!!!
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